
La directora del Jardín Infantil Juanita ha liderado iniciativas innovadoras para mejorar el entorno de uno de los sectores más vulnerables de Puente Alto. Por su trabajo y compromiso, hoy se une al directorio de la red Educación Inicial 2030, donde busca ser la voz de jardines infantiles y salas cuna en Chile.
Mónica Matus llegó hace 12 años a Bajos de Mena, un sector ubicado al extremo sur poniente de la comuna de Puente Alto y caracterizado por su vulnerabilidad social, altos índices de delincuencia y hacinamiento. Desde entonces, ha trabajado incansablemente para transformar el territorio, convirtiendo al Jardín Infantil Juanita en un “oasis” de aprendizaje, juego y esperanza.
Su liderazgo la ha convertido en un referente de cambio, reconocido recientemente con el Premio LED y su incorporación al directorio de la red Educación Inicial 2030.
Una trayectoria de compromiso por la infancia
Cuando Mónica Matus se integró al Jardín Infantil Juanita de la Fundación Integra, se propuso convertir los desafíos de su territorio en oportunidades para la comunidad educativa. “Desde la cuna se forjan los aprendizajes más importantes para la vida. Por eso, tenemos que ser garantes de una educación de calidad”, afirma con convicción. Bajo su liderazgo, el jardín ha desarrollado proyectos innovadores que han impactado positivamente tanto a los niños y niñas como a la comunidad vecina.
Uno de los más destacados es la creación de la “microteca”, un rincón de lectura que utiliza el esqueleto de un camión de bomberos de 1940 como espacio educativo y fomento lector. También implementaron una huerta verde, enseñando a los niños y niñas a conectar con la naturaleza.
Además, junto a su equipo, transformó un costado del jardín, antes abandonado, en un lugar con juegos educativos como el luche y el abecedario. “Nos encontrábamos constantemente con casquillos de balas, botellas y otros elementos desagradables. Pero, junto a mi equipo, soñamos, creímos y creamos este espacio donde se fomenta el juego, porque esa es la actividad espontánea de los niños y niñas: el aprender jugando”, explica Mónica.
El compromiso de Mónica y su equipo ha sido reconocido con el Premio LED en la categoría Convivencia, buen trato y habilidades socioemocionales. Este galardón, entregado por Fundación Impulso Docente, en colaboración con Fundación Mustakis y El Mercurio, busca relevar el impacto de directores en comunidades escolares vulnerables.
“Nunca pensamos que podrían destacar a una directora de un sector tan alejado como Bajos de Mena”, comenta. “Creemos que podemos transformar, somos agentes de cambio en estos espacios y sabemos que podemos lograr aprendizajes significativos en los niños y niñas”, añade.
Mónica también participa en mesas territoriales junto al consejo técnico de Niñez y Juventud de Puente Alto, Carabineros, Bomberos y Centros de Salud Familiar, buscando soluciones para los problemas que afectan a las familias de su comunidad. “Siempre me ha apasionado trabajar con las comunidades. Es allí donde realmente se desarrolla la vida de las personas. Uno debe involucrarse con los territorios, con la gente, conociendo sus problemáticas y necesidades”, asegura.
Este compromiso fue clave para su reciente incorporación al directorio de Educación Inicial 2030, una red intersectorial liderada por la Universidad Católica y Fundación Choshuenco. La iniciativa reúne a más de 50 organizaciones de la sociedad civil y busca fortalecer la educación parvularia en Chile. “Me siento muy feliz de formar parte de esta red. Espero ser la voz de los jardines infantiles y aportar desde nuestra experiencia en el trabajo con niños y niñas”, afirma.
Para Mónica, ser educadora es más que una vocación: es una pasión y un compromiso con la niñez. “Como país, seguimos en deuda con la niñez. Por eso, somos los actores principales que debemos levantar la voz por los niños y niñas”, concluye.
El trabajo de Mónica Matus es un ejemplo de cómo la educación inicial puede cambiar vidas y transformar comunidades, sembrando semillas de esperanza incluso en los lugares más desfavorecidos.