*Prólogo de “La Agenda Primera Infancia”, elaborada por Fundación Colunga, con la colaboración del Observatorio Niñez y la Red Educación Inicial 2030.

Los primeros 2.000 días de vida de cada persona son fundamentales para el desarrollo y el bienestar, no solo en esos primeros años, sino a lo largo de toda la vida. Esa ventana de oportunidades debe aprovecharse al máximo para generar los mecanismos compensatorios que permitan, al menos, reducir la desigualdad de nacimiento de cada niño y niña. Esto cobra mayor urgencia en un contexto nacional e internacional de crisis de natalidad, donde se observa un shock demográfico extremo y acelerado, que está reduciendo la tasa global de fecundidad a menos de la mitad de la que permitiría sostener el tamaño de la población de Chile. Pero, a la vez, esto abre una ventana de posibilidades, al permitir generar un bono demográfico en el que podríamos contar con más recursos para invertir por cada niño o niña en sus primeros años, cerrando las brechas en ámbitos críticos para el futuro de cada uno de ellos, pero también para mejorar el futuro del conjunto de nuestra sociedad en ámbitos clave, como el fortalecimiento de las habilidades parentales, la equidad en el financiamiento de los diferentes tipos de jardines infantiles, la calidad de la educación parvularia, la salud mental o una reducción sustantiva del sobrepeso y la obesidad temprana.

La presente investigación, desarrollada por el Observatorio Niñez Colunga, es un valioso aporte por al menos tres razones principales. La primera, porque integra una visión holística del desarrollo de la primera infancia en Chile, lo que posibilita contar con la evolución de un conjunto diverso de dimensiones para asegurar el cumplimiento de un derecho al desarrollo y al bienestar que no se funda solo en un atributo, sino en un conjunto más sistémico de ellos. La segunda, porque incorpora nuevas bases de información para comprender con mayor precisión lo que sucede en los ámbitos de la salud, desde el embarazo y el nacimiento hasta los primeros años de vida, como también en el ámbito del cuidado, aspecto fundamental para asegurar el desarrollo adecuado de cada niño y niña en sus primeros años, pues este descansa en la interrelación con adultos que protejan y promuevan su seguridad, afecto y bienestar. La tercera, porque nos posibilita continuar su comparabilidad a través del tiempo, abriendo una ventana de posibilidades para identificar las prioridades que se observan a través del análisis crítico de la evidencia y los datos nacionales, pero también para determinar si las acciones que estamos acometiendo para responder a estas prioridades están siendo efectivas para avanzar en mejores condiciones para la infancia, ya sea por la calidad de su diseño o implementación, como también por las coberturas consideradas en dichas acciones, estrategias o políticas.

El reporte pone sobre la mesa múltiples temas sobre la situación y evolución de las condiciones de la infancia. De ellos, quisiera destacar cuatro de gran importancia para los retos que tenemos como país, especialmente en un contexto de rápida reducción de la fecundidad, que conlleva enormes desafíos para nuestro futuro, pero que permitiría mejorar las condiciones de la infancia desde el nacimiento y en los primeros años de vida.

Un primer desafío que se levanta a partir de este informe es poder determinar cuál es la tasa de cobertura en educación parvularia. Mientras las bases oficiales del Ministerio de Educación, elaboradas a partir del Censo de 2024, muestran un sostenido incremento de la cobertura nacional entre 2012 y 2025, hasta alcanzar niveles similares a los promedios de la OCDE en 2024-2025, los datos provenientes de la encuesta Casen 2024 reflejan una cobertura inferior a dicho promedio. Por su parte, las cifras del Censo 2024 presentan resultados más cercanos a los de la OCDE, aunque aún por debajo del promedio internacional en los niveles de transición (4 y 5 años). Es urgente resolver adecuadamente esta diversidad de mediciones, ya que el diagnóstico sobre la cobertura condiciona el diseño y las prioridades de las políticas públicas en educación parvularia.

El segundo es que un alto porcentaje de niños y niñas nace y crece durante sus primeros años en condiciones de vulnerabilidad: alrededor del 40% de los menores de 5 años vive en hogares afectados por algún tipo de pobreza, el 42% vive en barrios con violencia crítica y uno de cada cinco, en hogares con algún tipo de inseguridad alimentaria. Esta situación debe ser atendida con urgencia, pues las políticas de primera infancia debiesen responder al aseguramiento de derechos esenciales en los primeros años de vida, única forma de garantizar una igualdad de oportunidades para el presente y el futuro de cada niño y niña en nuestro país.

Otro hallazgo importante es que, a pesar de la reducción de los nacimientos en Chile en los últimos años, las condiciones de riesgo durante la gestación, el nacimiento y el desarrollo de la salud de las madres, los niños y las niñas se mantienen o se incrementan. Por ejemplo, entre 2017 y 2024 ha habido un aumento de los recién nacidos con bajo peso (de 8% a 9%) y de los nacidos con prematurez (de 8% a 11%).

Finalmente, un problema de extrema urgencia es reducir la prevalencia del sobrepeso y la obesidad en niños y niñas, situación que sigue creciendo de forma sostenida en todos los grupos de edad y que conlleva la generación de un problema crónico con enormes efectos a lo largo de toda la vida. Junto con este desafío, el estudio da cuenta de nuevos problemas con alta incidencia, como el de las caries dentales: mientras el 93% de los niños y niñas está libre de caries durante los primeros mil días de vida, esta cifra cae a un 58% en los segundos mil días. También aporta importantes resultados sobre las condiciones de salud mental de los niños y niñas, entre los que se destaca uno: la detección tardía de posibles apoyos en este ámbito, pues en 2023 se realizaron 16 veces más evaluaciones a los grupos de 5 a 9 años que a los menores de 4, lo que supone una valiosa oportunidad perdida de prevención y detección temprana de problemas que se identificarán tardíamente.

Chile tiene una oportunidad, durante el actual gobierno, de avanzar en asegurar que cada niño y niña nazca y crezca, en sus primeros años, en condiciones mucho mejores, garantizando el cumplimiento de sus derechos en los ámbitos de la seguridad social, de un sistema de cuidados y de una educación de calidad, así como de la salud física, mental y nutricional. En este desafío nadie sobra, y la articulación entre la sociedad civil, la academia y el Estado es esencial para generar consensos y evidencia que pongan en primera línea la inversión en la primera infancia. La ventana demográfica que estamos experimentando genera esa oportunidad financiera. Podemos y debemos poner los recursos de este ahorro en la inversión social más rentable que ha demostrado la investigación: la primera infancia.

Juan Pablo Valenzuela Barros
Director del CIAE Universidad de Chile
Red Educación Inicial 2030